¡no fumes!

lunes, agosto 29, 2005

La puerta abierta

Ayer bajé a la zona temprano con Amelia. En el café ese de sillas de plástico blanco que está frente al parque Colón nos esperaban Cat y Otto para desayunar, pero antes, y siguiendo las instrucciones de Yolanda, me paré en el mercado modelo a comprar una docena de plátanos verdes, grandísimos. Por cosas de la vida, estacioné el carro justo en frente de la casa de la Santomé. La puerta estaba abierta. Comencé una conversación con Amelia a quien le leí la historia varias veces después de publicada...

- ¿Ves esa puerta? sube hacia la Santomé 402, Altos.
- ¿Ahí es que están tus recuerdos?.
- Sí.
- Tus recuerdos deben estar llenos de polvo.

Me pregunto si ella, dentro de algunos años, recordará mis recuerdos.

5 Comments:

Blogger lagitti said...

No! mejor pregúntate si hoy estás tú creando los recuerdos que ella habrá de tener mañana.

30 agosto, 2005 10:56

 
Blogger Eigna said...

Ah sí, espero que sí, esa brisa mañanera frente al parque Colón, tan lejos de la televisión y las computadoras, es uno de ellos...

30 agosto, 2005 11:46

 
Anonymous Anónimo said...

Mis recuerdos son mas grandes que la vida real. Cuando se es nino, las cosas parecen mas grandes.. las buenas y las malas, y eso es lo que hace posible la magia.
ayer hable con mi abuela y me conto que mi abuelo esta perdiendo sus recuerdos, a veces no reconoce a mi papa cuando entra a la casa, y entonces la mira complice y le susurra al oido: quien es ese? el señor de la casa?
El señor de la casa no dice como se siente, pero yo se que le duele. como me doleria a mi volver a casa algun dia, sin saber si seguire siendo parte de los recuerdos de mi abuelo... si no me reconoce, ya no sere ni siquiera un recuerdo.
Cat.

01 septiembre, 2005 08:40

 
Anonymous Anónimo said...

Por la misma razon que menciona Cat (Hola Cat!) fue que, cuando abuela estaba siendo seducida por el Alzheimer's, NUNCA le pregunte si me recordaba. Preferia vivir en el "denial" de que era la unica persona a la cual ella recordaba que ser consumido por el conocimiento de que ya yo no pagaba renta en sus recuerdos. Por su parte ella me complacio nunca preguntando quien era yo. Y los dos quedamos felicez con nuestra regenacion.

02 septiembre, 2005 14:41

 
Blogger Laura said...

La vez feliz en que estaba con mi abuelo en su galería, envuelta en café con leche y galletas de nata recién horneadas, con el pelo suelto enfrentando una alegre brisa que palmoteaba la cara; tan callados... cada quien en lo suyo: gubias en manos o formones que surcaban bajo sus pies la madera gracias a los golpetazos del mazo en la espalda; nos lo contábamos todo. Y ambos mirando el mismo ángulo del mismo campo desnudo de frutos buscando una cosa en común, ambos pares de ojos pasan a recorrer el mismo camino que un hombre con sus madreñes y su azadón a la espalda -estampa antigua que se mueve y habla-: "Eh, Maximino, ¿y esa cuál es?" "La grande de José Alfredo, la nieta más querida"...Ha sido la única vez que lo dijo con palabras...todas las veces, antes y después, el "te adoro, Laurita" viene vestido de intuición.

08 septiembre, 2005 09:41

 

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